Desde muy joven aprendì a defenderme de los hombres de traje gris,
de esos señores de la certidumbre y lo factible
de la eficiencia con eficacia, de las hojas de balance impecables
Desde niño tuve peleas con judiciales que sacaban a fuerza y sin orden de aprehensiòn
a la vecina del 1431
fui testigo sin testimonio a los diez años
y en la primaria escuchaba a la maestra con sus consejos de urbanidad caduca
y alabanzas a los ricos y caudillos de Tuxtepec.
sin embargo me escape de toda esa mierda
no aceptè ponerme el saco de la discresiòn y de las buenas compañias
ni de esa costumbre de los buenos modos
y aunque el hombre del traje gris sigue tras de mi
continùo en la firme convicciòn de no planificar mis gemidos ante un orgasmo
ni dejar de recorrer la ciudad, con màs boleto que mi mirada
y hasta hoy he ganado la batalla, la guerra màxima
ante la mediocridad.

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