Despuès de la batalla de besos y abrazos,

bajamos las guardias

y defensas.

Nuestras miradas se cubren de la fragil ternura

que hace màs fuerte las ganas por no despedirnos aùn

y entonces no hay màs palabras, sòlo el silencio

la tonada inasible de lo que alrededror nuestro late

tumbados boca arriba en una azotea

con el viento del norte

parecemos fràgiles ante la naturaleza

nuestras manos juntas nos hacen soportar

el frìo, los mitos y las fiestas decembrinas

y es que al amarnos somos dèbiles ante el deseo

fràgiles en la urbanidad

de nuestros cuerpos.