Por qué será que una gotera en el techo siempre nos lleva a sintetizar melancolías o puede ser que sea una parte fundamental en el guión de una noche con lluvia que acompaña la historia de un año más diez meses. El televisor funcionando como radio, la computadora como confesor, sin cura, ni mandas por reincidir en la tristeza abocada en noches de viento en este puerto que no puede uno deshacer, es una noche en la que las respuestas son tan lejanas, como aquel que extraña la coincidencia por quien ya no está.

Por qué será que las canciones tristes nos hacen sonreír, por qué besamos labios que aun no conocemos en el pensamiento, en el minuto tres de una canción de Nacho Vegas, mientras que una lágrima más se derriba desde el techo tocando aritmicamente en el balde de plástico, que ya se ha cansado de beber esa agua gris, mientras mis ojos recuerdan tu nombre, se pregunta si un día mirará como ríes por un chiste mexicano, mientras el sol sin nacionalidades nos cubre en un tierno pacto sin promesas, sólo el no tenerlas como máxima de cohesión hiriente.

Mientras noviembre se acerca, las ganas por extrañarte no pueden estar más prendidas de mi boca, de estas manos que desearían descifrar las claves de tu cuerpo. Si es un Milagro que me lleve esta noche contigo, sería el sueño más justo en la batalla por no recordar imposibles, en la máxima posibilidad de besar tu espalda, sin más literatura, sin más metáforas, sólo sé, que en esta noche, de forma concisa...

TE QUIERO