Condenado a estornudar a las seis de la mañana

a besar en medio de los pechos de mujeres

que sólo desean olvidar

a la luna sin mar lleno

condenado a los ojos negros

y la piel sabor tamarindo

a los vagabundos pidiendo consejos

condenado a olvidarte

y a tu instántaneo recuerdo

a los besos de diario

con insultos y lágrimas incluídas

condenado a no cambiar

a no cambiar

a no cambiar.