Amanecí con el tobillo inflamado, luego de haber pisado mal. Sin poder moverme, esperando a que el analgésico surta efecto, me viene a la mente la música de mi estado natal: Oaxaca. Así como Veracruz tiene como himno local la Bamba, en Oaxaca tenemos un vals compuesto en 1867 por Macedonio Alcalá: Dios nunca muere.
Recuerdo cuando niño escuchaba la música de Dios nunca muere, un vals lento, triste, pero al mismo tiempo esperanzador, si bien no soy devoto de religiones es inevitable no sentir emoción al escuchar esta música, además de que hoy extraño la casa, el abrazo de mi madre, la sonrisa de mi hermana, el patio, mi vieja recámara con sus revistas descoloridas por los años, mis calles, de esa ciudad que sólo queda en mi mente, la cual ya no es, pero donde está enterrado mi ombligo y donde tendré que volver. Hoy que estoy con el tobillo hecho mierda, solo, yendo de a brinquito por la casa desearía estar en casa, dejarme consentir con un buel consomé de gallina de patio y tortillas hechas a mano o los antojitos que hace mi mamá.
El gran Pedro Infante interpretó una versión con letra del vals Dios Nunca Muere... aqui la tienen y siempre recuerden que a pesar de todo hay algo bueno dentro de lo triste.
Con la luz que agoniza
Pues la vida en su prisa
Nos conduce a morir.
Pero no importa saber
Que voy a tener el mismo final
Porque me queda el consuelo
Que Dios nunca morirá.
Voy a dejar las cosas que amé
La tierra ideal que me vió nacer
pero sé que después
habré de gozar
La dicha y la paz
Que en Dios hallaré.
Sé que la vida empieza
En donde se piensa
Que es la realidad perdida.
Sé que Dios nunca muere
Y que se conmueve
Del que busca su beatitud.
Sé que una nueva luz
Habrá de alcanzar nuestra soledad
Y que todo aquel que llega a morir
Empieza a vivir una eternidad
Muere el sol en los montes
Con la luz que agoniza
Pues la vida en su prisa
Nos conduce a morir

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