Una mañana despiertas y sabes que es el día que no esperabas que llegara nunca, sin embargo uno no puede detener la vida, ni quitar la costumbre, ni muchas veces reanimar a un moribundo en coma, sirva este poema para los que ahora están de luto, luego de asistir al funeral de ese corazón compartido hecho añicos, muerto por causas causales, colaterales; que pronto vuelva la felicidad.

De tanto que nos dimos
terminamos por no darnos más nada
gastamos tantos te amos
que ahora somos mudos
de manos y labios
tantos cielos que vimos al amanecer
que hoy no levantamos la mirada
tanto fuego que nos dimos
que el incendio se apagó con una sisterna
de indiferencia.
Y comenzamos la peregrinación
hasta la iglesia del reconcilio
a la misa de cuerpo entero
pero no pudimos tomar el cadiz
ni la comunión de deseos
sólo lágrimas
al sentirnos perdedores
sólo sudores que no nos refrescan
sólo una cama vestida
con las sabanas del olvido
ya no tenemos nada
antes que eramos un todo
pero muchas gracias
en verdad gracias como mares
porque hasta el último segundo
seguiste siendo mi princesa
en este reino conquistado por la finitud.