Me subí en la ruta Diaz Mirón y las Vegas, ahi estabas tú, con tu cara oscura y tu sonrisa arco iris, tu cajita de chiclets, tus zapatos rotos, la responsabilidad adelantada, tu futuro incierto, el presente cabronamente expuesto. Me pediste un peso, no te lo di, lloraste, me senti el peor de todos, pero es que no tenía cambio, qué difícil es esa palabra, tener cambio, cuando un nene sólo pide un peso y uno no puede fraccionarlo....te bajaste del bus cerca del ADO, no sé que fue, pero me bajé también y te invité a comer y me dijiste... PUEDO PEDIR UNA TORTA PARA MÁS TARDE....
Entonces pedi una más y sonreiste, sólo el hambre nos hace ver que una torta de jamón y queso es un reino, cuando otros nos preocupamos por acumular.
Tú no eres estadística del buen gobierno, ni te dan CICLOMEDIA, ni sabes que es comer All Bran, pero esa tarde supe, que es linda la sonrisa de los que por una tarde sacian su hambre....luego te fuiste y Díaz Mirón siguió igual